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Factores externos - Técnicas de cultivo

2.3.1 Densidad de plantación
Las patatas que se utilizan como materia prima para hacer patatas fritas deben ser de gran tamaño, mientras que las destinadas a la producción de patatas chips deben ser de tamaño mediano. La densidad de plantación afecta tanto a la producción total como al tamaño del tubérculo. En general, para obtener un rendimiento de 40 - 60 toneladas/ha, con una alta proporción de tubérculos grandes, es suficiente plantar de 12 - 15 tallos por metro cuadrado. Para producir a suficiente densidad de tallos se deben plantar de 30.000 - 50.000 plantas/ha. El número exacto de plantas por hectárea depende de la variedad, el tamaño de la semilla, la edad de la semilla, el tipo de suelo y el uso final del cultivo. Semillas más grandes producen más tallos, y tubérculos bien brotados producen más tallos que semillas demasiado jóvenes o viejas.

La producción depende de la cantidad de radiación solar que recibe el cultivo. Entonces, logrando un desarrollo temprano del cultivo, se aumenta la producción. Los factores que llevan al pronto desarrollo del cultivo incluyen: una densidad de plantación más alta, semillas bien pregerminadas, plantaciones no demasiado profundas, un suelo húmedo pero no demasiado frío, y un sistema de plantación en el que las distancias entre las hileras no son demasiado anchas. 

Pero mientras estos factores aumentan la producción, algunos de ellos pueden reducir la calidad debido al hecho de que las altas densidades de plantación hacen aumentar el número de tubérculos por metro cuadrado y hacen reducir el tamaño del tubérculo. Las distancias estrechas entre las hileras posibilitan solamente lomos (cabellones) más pequeños y aumentan el riesgo de tubérculos verdes. Someter las variedades a pruebas y obtener experiencia tanto con las variedades como con las prácticas de cultivo es sumamente importante para la determinción de la mejor política de plantación.

Las tendencias en cuanto a la densidad de los tallos, la producción y el tamaño del tubérculo se muestran en el siguiente gráfico. Una menor densidad de plantación hace aumentar el tamaño del tubérculo (y por lo tanto el porcentaje de recuperación en la fábrica) pero puede influir negativamente en la producción de tubérculos por hectárea.




La relación entre el número de tallos principales por m2 y la producción de tubérculos en las distintas categorías de calidad
(Fuente: H.P. Beukema / D.E. van der Zaag)














Todas las técnicas del productor deben enfocarse en la reducción de las diferencias entre los tubérculos. Lo ideal es que un cultivo de patatas para la elaboración consista en tubérculos todos del mismo tamaño y de la misma forma y el mismo contenido de materia seca en los tubérculos y entre ellos. La mejor manera para reducir las diferencias entre los tubérculos es reduciendo las diferencias en las condiciones de cultivo por el empleo de patatas de semilla del mismo tamaño, plantadas a la misma profundidad, a las mismas distancias entre los tubérculos en la hilera, y procurando que haya una distribución uniforme de fertilizantes y humedad. Haciendo lomos (cabellones) correctos con ayuda de un cultivador rotativo para cultivos en hileras en suelos pesados, ayuda a establecer condiciones de suelo homogéneas.

2.3.2 Fertilización
Una buena fertilidad de la tierra y una fertilización adecuada con nitrógeno, fosfato y potasio ejercen un efecto positivo tanto en el rendimiento como en la calidad requerida.

El nitrógeno se mueve en el suelo y se transporta por el agua del suelo. Por eso se puede aplicar durante toda la temporada. El fósforo y el potasio apenas se mueven, ya que son adsorbidos por las partículas de suelo. Por este motivo hay que aplicarlos antes de la plantación, mezclándolos bien por el suelo.

Mediante la aplicación de fertilizantes, el productor puede influir en el contenido de materia seca y la susceptibilidad a la mancha negra. La industria elaboradora exige un alto contenido de materia seca. Pero, con un elevado contenido de materia seca hay más susceptibilidad a la mancha negra y las magulladuras internas.

Si se aplican el nitrógeno y el potasio en grandes cantidades, éstos tienden a reducir el contenido de materia seca del tubér-culo, y por consiguiente, la susceptibilidad a la mancha negra. En este sentido, la aplicación de cloruro de potasio favorece la reducción de la mancha negra. Sin embargo, en condiciones de secano ésto puede dar lugar a un rendimiento algo más bajo. Si se utiliza el cloruro potásico, debe de aplicarse antes de la plantación para evitar problemas de salinidad. Si la mancha negra constituye un verdadero problema, uno puede considerar emplear una rotación de cultivos en suelos no lixiviantes. Este es un método en el que se aplica todo el potasio requerido en determinado período de cultivo de p.e. 3 ó 4 años, antes de plantarse el cultivo de patatas. Esto debe realizarse anteriormente a la plantación, durante el otoño o invierno.

Una aplicación excesiva de nitrógeno puede tener un efecto negativo en el color y el ennegrecimiento no enzimático del tubérculo. Es más, una gran cantidad de nitrógeno retrasa la maduración del cultivo, lo que resulta en un contenido de materia seca relativamente bajo y una concentración de nitrato relativamente alta en el tubérculo. El contenido de materia seca puede bajar tanto que los tubérculos ya no pueden ser usados para la industria elaboradora.

Efecto de la fertilización potásica con K60 (kg K2O/ha) sobre la susceptibilidad a la mancha negra después de la fertilización de otoño e invierno en suelos arcillosos del Pólder del Noreste (1 resp. 2) y la zona arcillosa del suroeste (3 resp. 4) de Holanda.














Las cantidades de fertilizante nitrogenado, fosfatado y potásico que deben aplicarse al cultivo de patatas las hay que basar en un análisis mineral del suelo para determinar el estado de fertilidad antes de la plantación. Otros aspectos que se deben tener en cuenta son el tipo de suelo (el riesgo de lixiviación o de fijación), el cultivo anterior y la maduración de la variedad. Es preferible que el nitrógeno se suministre en más de una aplicación. Aproximadamente la mitad de las necesidades del cultivo se aplican al plantarlo y el resto en una o más aplicaciones siguientes. Los laboratorios que toman muestras de suelos y cultivos aconsejarán cuánto hay que aplicar durante el crecimiento del cultivo. Las ventajas de semejante control son que contínuamente se manejan el rendimiento y la calidad, mientras que el riesgo de lixiviación de nitrógeno se reduce.

Para un cultivo de patatas que dé un rendimiento de 30 toneladas/ha se establecen las siguientes normas de nutrientes básicos durante el crecimiento:

150 kg de N
60 kg de P2O5
350 kg K20
30 kg de MgO
90 kg de CaO

(Fuente: H.P. Beukema / D.E. van der Zaag)

2.3.3 Riego
El agua es esencial para los cultivos. Es indispensable para los procesos más elementales como la fotosíntesis y el transporte de minerales en la planta y el suelo. Sin embargo, sólo un 2% del agua necesaria para el cultivo se utiliza para los procesos metabólicos de la planta. El resto se transpira. El rendimiento de un cultivo es determinado en gran parte por la cantidad total de agua disponible para este cultivo. Con cada litro de agua transpirada, el cultivo produce aproximadamente 6 gramos de materia seca.

Un buen suministro de agua durante las distintas fases de crecimiento es esencial para la producción de tubérculos de buena calidad. La cantidad de humedad suministrada inmediatamente antes o durante la iniciación de la tuberización (o sea aproximadamente tres semanas después de la emergencia) es decisiva. Más agua hace aumentar el número y el tamaño de los tubérculos. Un suelo más húmedo durante la iniciación de la tuberización también reduce la aparición de la sarna común.

Las condiciones húmedas durante la iniciación de la tubización siempre dan como resultado un mayor número de tubérculos, aunque las condiciones secas después pueden llevar a una reabsorción de los más pequeños. Las variedades que por naturaleza forman muchos tubérculos pueden formar un número excesivo en condiciones húmedas. Durante el crecimiento del tubérculo (adquiriendo volumen), un suministro controlado de agua previene que se produzca un descenso de la calidad debido a la aparición de grietas, síntomas de crecimiento secundario como la deformación del tubérculo y la vidriosidad, y el pardeamiento del extremo del estolón. Si la cosecha se realiza en condiciones secas, especialmente en suelos compactos, el riego puede ayudar a evitar daños causados por el arranque de las patatas. El riego irregular tiene un efecto negativo en el color de las patatas.

Para poder hacer una buena programación de riego se necesita información sobre el poder retentivo de humedad del suelo, el cual es el más bajo en arena gruesa y arcilla fina. La necesidad de agua es mayor cuando la evapotranspiración diaria (tal como la miden y proporcionan las estaciones meteorológicas) aumenta por una mayor proporción de suelo cubierto de hojas verdes.

2.3.4 Control de plagas y enfermedades

Sólo un cultivo bien maduro finalmente cumplirá con las normas de calidad impuestas por la industria elaboradora. Las enfermedades pueden llevar a una producción más baja debido a una lenta cobertura del suelo y la muerte anticipada del follaje. La calidad también  puede disminuir cuando la muerte prematura del cultivo está relacionada con un contenido de materia seca más bajo. Efectos directos son causados por p.e. la sarna común o agallas por los nematodos de raíz que afectan la piel, lo que hace necesario un pelado más grueso. Enfermedades de almacenamiento como la sarna plateada (Helminthosporium solani) y Pythium pueden causar pérdidas en el almacenamiento.
 
Las dos principales medidas para evitar las enfermedades y plagas son: a) el uso de semillas sanas y certificadas y b) medidas higiénicas como la rotación de cultivos. Las semillas sanas disminuyen el riesgo de enfermedades bacteriales y virales. La rotación de cultivos, en la que las patatas no se cultivan más frecuentemente que una vez cada cuatro a seis o más años, disminuye considerablemente el riesgo de plagas (nematodos) y hongos (Rhizoctonia y Verticillium) alojados en el suelo. Una vez que las plagas foliares (áfidos) o las enfermedades foliares (Phytophthora infestans) se hayan presentado, las medidas curativas consisten en la pulverización regular de los cultivos con los productos químicos adecuados. Las malas hierbas deben controlarse durante toda la temporada, preferiblemente mecánicamente al hacer los cabellones (lomos), pero el uso de herbicidas puede resultar necesario para evitar la disminución de la producción y la acumulación de semillas de malas hierbas en el suelo.
 
Cuando falta poco para que el cultivo llegue a la madurez, muchas veces se deben destruir las hojas para endurecer la piel antes de la cosecha y para evitar que las enfermedades causen más daños.